jueves, 1 de junio de 2023

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "ITINERARIOS AMBIENTALES POR LA SIERRA DE CREVILLENT". Rafael Pedauye

Excmo. Sr Alcalde, Alex, Joaquín, estimados amigos

Quiero en primer lugar agradecer a Conchi y a Joaquín, el encargo de presentar este libro. Sé que Guchi así también lo quería. Mi agradecimiento es doble, de una parte por la consideración que hacia mi persona supone y de otra simple y llanamente quiero daros las gracias, por los buenos ratos que me ha supuesto su lectura, a la vez que rememoraba años de compañerismo y amistad en Los Molinos, en la Sierra y en vuestra casa.

Un tarde de domingo a principios del pasado mes de mayo, le entregaba a Guchi un viejo cuaderno de campo, que me habían hecho llegar nuestros compañeros de los Molinos, en él junto con algunos versos, se recogían unos breves apuntes y descripciones de la Sierra.

Y Guchi que siempre dio más que recibió, en contrapartida me obsequiaba con un ejemplar recién salido de imprenta de los “Itinerarios Ambientales por la Sierra de Crevillent”. Al ponerlo en mis manos me dijo “Rafa, es un embastao, pero no se puede quedar en el tintero”. Embastado es el término que utilizaba como sinónimo de borrador, como algo hecho, pero sin pulir, como el hilo de menar al que tan sólo falta pasarle la “paloma”.

Sirva lo dicho de advertencia, pues aunque, el científico, el historiador, el erudito, el estilista de las letras, puedan encontrar más que errores, alguna inexactitud, nada empaña la frescura y la sensibilidad con la que está escrito, yo diría más bien, contados sobre la marcha, a paso de montañero, estos “Itinerarios ambientales por la Sierra de Crevillent”.

De Joaquín y Guchi, de Guchi y Joaquín que tanto monta, como personas, no necesito decir nada, pues cualquiera de vosotros podría hablar de ellos con toda propiedad y largeza de detalles y anécdotas. Y como montañeros, para quienes no les conozcan personalmente, los apuntes biográficos que se recogen en el libro, son suficientes.

Sólo voy a hacer un par de consideraciones de su perfil como autores de este libro. Se trata de un libro que es primero y último. Es un libro primero para Joaquín y Guchi, y digo bien.

Para Joaquín porque él así me lo ha confirmado, aunque estoy seguro de que ahora que ha encontrado senda, en esto de hacer libros, no será el último. Yo te animo a que siendo como eres un gran andarín, ayudado de un moderno GPs con el que marcar las referencias, hitos y mugas de tus itinerarios, no dejes de ir tomando nota de tus excursiones en este cuaderno de campo que te he traído. Tan solo necesitas apuntar lo que ves, y hacerlo tal como tú lo contarías en una tertulia de montañeros, si así lo haces, verás que poco tardamos en asistir a la presentación de tu segundo libro.

Para Guchi, este es cuando menos, en intención, uno de sus primeros libros, es un libro que ha tardado en escribirlo toda una vida, pues sus primeros apuntes de la Sierra, nacieron a la vez que los versos recogidos en el primero de sus libros que con el título de Poemas, fue editado en 1983, y en cuyo prólogo JOSÉ SEMPERE CONGOST nos decía:

“La andadura poética de José Luis se inicia con este libro,… deseo que con el tiempo, se convierta en necesidad: pues su poesía más que susurrada es una poesía a gritos, volcada en versos agrestes y sencillos como la misma sierra crevillentina”

Y ciertamente Guchi que sentía esa necesidad, se convirtió en un auténtico caballero andante de la poesía, caballero de su amada Conchi, caballero para cuantos le conocieron, y andante por los difíciles senderos y trochas de la métrica y el lenguaje.

En una ocasión, al poco de conocernos, me preguntó que cuales eran a mí entender los tres o cuatro libros más importantes que había que tener en casa. Yo le contesté que era muy difícil hacer la selección que me pedía y que por ello tan sólo me atrevía a indicarle tres libros de autores alicantinos cuya lectura entendía obligada:

“Campos de Castilla” de Azorín

“Años y leguas” de Gabriel Miró, y

“Perito en lunas” de Miguel Hernández

Y aunque su andadura poética fue tan intensa que apenas dejó espacio para que se desarrollaran otras formas de expresión literaria, la narrativa de Miró, su prosa poética, sus descripciones de los paisajes, tipos y costumbres de la marina alta en Años y leguas, siempre contaron con la admiración y el deseo de emularlos de Guchi, porque en su universo amoroso también están presentes Crevillent, sus gentes y su Sierra, como se pone de manifiesto en sus libros:

“Itinerarios de Crevillente” 1986

“La Sierra de Crevillente y su entorno” 1988

Y éste su libro último

“Itinerarios ambientales por la Sierra de Crevillent” 2007

Último, que no póstumo, pues seguro que Alex algo andará preparando con poesías inéditas de Guchi. Y Conchi debería hacernos una recopilación antológica de las poesías por ella más sentidas. Y yo le pediría también a Sole, que cuando esos libros se presenten, nos deleite con el privilegio de poder escuchar de su voz, cargada de hondos matices dramáticos, los poemas de su padre.

Pero aún hay que decir algo más, de sus autores y me van a permitir que conociendo a ambos, imagine ¿cómo han escrito este libro?, ¿cual ha sido el papel de cada uno de ellos?. El mejor símil que encuentro me lo proporciona la imagen del Ciego y su Lazarillo.

El ciego, es Guchi, es él quien posee el conocimiento íntimo, amoroso de los paisajes de la Sierra, y como físicamente, no puede volver a verlos porque la enfermedad se lo impide, su lazarillo, Joaquín, recorre los itinerarios, y anota las indicaciones de seguimiento, que guiarán nuestros pasos. Y cuando su andar de avezado senderista y montañero, es demasiado apresurado, y muchos de los presentes pueden dar fé de que no es fácil seguir a Joaquín, el ciego, Guchi, cordialmente le señala que con la velocidad se le ha pasado por alto este o aquel detalle.

Joaquín y Guchi son dos humanotecas, dos bibliotecas vivas, cuyos saberes como las aguas de la Sierra que bajan por sus ramblas y barrancadas, tan sólo necesitan de hoyos como “els colles de les Porruès”, de aljibes que las contengan y en los que decantarse, para fertilizar los huertos del alma.

Pero vamos con el libro.… Cuando en el año 1979, presenté a la entonces Caja de Ahorros de Alicante y Murcia, mi propuesta de diseño de un Centro de Educación Ambiental, en el albergue de Los Molinos, tras desarrollar el planteamiento que debía constituir la base pedagógica del Centro, pasaba a describir los valores ambientales de la Sierra, al objeto de rebatir un informe en el que se desaconsejaba, el proyecto, dado el escaso valor ecológico de la misma.

Hoy afortunadamente nadie duda de sus valores, por eso en las primeras páginas, de este libro y a modo de PRESENTACIÓN, Cesar Augusto Asencio Adsuar, Alcalde presidente del Excmo Ayuntamiento de Crevillent, nos dice:

Querido lector: Tiene Ud. entre sus manos un gran libro sobre la Sierra de Crevillent, la de mayor valor ecológico y medioambiental al sur de la provincia de Alicante, incluida en la Red Natura 2000, declarada Lugar de Interés Comunitario, y con protección especial en el Plan General de Ordenación Urbana de Crevillent.

Por ello Sr. Alcalde, si en alguna ocasión, le hacen indicación de dejadez o impacto ambiental en la Sierra, no lo tome a mal, entiéndalo como recordatorio del profundo compromiso que todo crevillentino y Ud. Sr. Alcalde, como el primero de ellos, debe mantener respecto de su cuidado y conservación.

En su PROLOGO D. José Soler Carnicer, que fue Presidente de la Federación Valenciana de Montañismo, nos presenta a sus autores como:

Dos enamorados de la montaña, que han dedicado gran parte de su vida a ser felices viviéndola y, lo que es mejor ahora, a trasmitirnos todo su amor por la naturaleza.

Y destaca los sentimientos de Guchi y Joaquín cuando sufren como propias las agresiones de que ha sido objeto su Sierra, como cuando denuncian la construcción de una carretera hasta la cumbre de la Vella y la instalación de unas antenas en su cima, o cuando rememoran la desaparición del emblemático Pi de Catí.

Y ciertamente la pérdida de elementos del patrimonio natural, cultural o histórico de la Sierra, son para ellos causa de profundo dolor, acompañado de cierta resignación, cuando nos dicen:

Desgraciadamente el progreso y las nuevas arquitecturas van borrando nuestro pasado y, con él, se nos va toda una cultura, difícil de recuperar,….Ni huella queda del Molino del Prao, ni del “chorro”, ni de la acequia Fonda. Al final, los ojos se acostumbran a ver las atrocidades que el hombre es capaz de acometer.

En la INTRODUCCIÓN, sus autores, nos dan las claves que han animado su escritura:  

El medio natural desde siempre ha significado para el hombre ese espacio donde agrandar el espíritu y sosegar el alma ante los agrestes paisajes, que ofrecen nuestras cálidas montañas.

La montaña es para disfrutarla, para deleitarnos con sus paisajes y gozar de sus bellezas, para sentirnos libres sin nada que nos obligue a nada.

Te invitamos a que nos acompañes y juntos descubramos parajes insospechados, que, en silencio, reposan con toda su beldad, nuevos senderos dormitando en el tiempo, esperando que golpee tu bastón herrado,

En esa misma Introducción hay un apartado titulado “Aspectos de interés sobre la Villa de Crevillent”, que os recomiendo encarecidamente, porque se podrá decir más sobre Crevillent, pero no mejor y en tan pocas palabras.

El libro lo conforman 20 itinerarios en los que se da cuenta de aspectos geológicos y botánicos, yacimientos arqueológicos, canteras y minas de agua, la agricultura de montaña, tipos y trabajos, canteros, pastores, bandoleros, santos y ermitas, pleitos, tradiciones, e impactos ambientales. Un anexo fotográfico de plantas y arbustos de la Sierra, una relación de Senderos de Pequeño Recorrido, minas de agua, pozos, aljibes y fuentes, chozas, zonas y vías de escalada.

Todo ello y muy especialmente la forma en que es presentado hacen de este libro de “Itinerarios ambientales por la Sierra de Crevillent” un excelente ejemplo de Interpretación Ambiental.

La interpretación, que es un conjunto de técnicas para la comunicación, se define como el “arte” de revelar in situ el significado,

EL VALOR, del legado natural y cultural de un determinado lugar, al público que lo visita  en su tiempo de ocio. Al objeto de que lo comprendan, lo aprecien, lo disfruten y contribuyan cuando menos con su conducta, durante la visita, a su conservación.

Y Guchi y Joaquín, aún cuando sólo sea de forma intuitiva, son maestros de la interpretación, pues saben que: Para despertar el interés, los intérpretes deben conseguir que los contenidos de sus mensajes se relacionen con la vida, la cultura y la historia en este caso de Crevillent. Porque toda forma de interpretación que no relacione los objetos que presenta y describe, con algo que se encuentre en la experiencia y la personalidad de los visitantes, será totalmente estéril. 

Y todo eso lo hacen con pasión, porque la pasión es el ingrediente indispensable para una interpretación ambiental poderosa y efectiva; pasión por el rasgo que es interpretado y por aquellos que vienen a inspirarse en él, por ti, por mí, por todos y cada uno de quienes de la mano de su libro recorran la Sierra.

Por que lo que les une, y les pone en compañía de otros tantos interpretes de la naturaleza, es el amor por los valores del lugar y la necesidad profunda de compartir ese amor con otra gente.

Y junto a todo lo anterior Guchi y Joaquín, no olvidan que la interpretación tiene que contribuir a la prevención y solución de los problemas ambientales que puedan estar presentes en la Sierra.

A lo largo de sus 20 itinerarios, los autores nos hacen interpretación del paisaje de la Sierra, entendido EL PAISAJE como expresión de las relaciones de interdependencia entre el medio físico, el biológico y el humano o cultural.

El paisaje como ECOSISTEMA CULTURAL, les proporciona una vía de acercamiento a la naturaleza, que aúna el conocimiento formal –objetivo, científico- y el espiritual –íntimo, amoroso-.

D. Ginés Alberola Botella, nacido en Aspe el 16 de enero de 1855, secretario de D. Emilio Castelar, ministro de estado en la I República, fue uno de los primeros escritores alicantinos en hacer de la naturaleza sustancia literaria, en 1888 escribió: “Nada en el mundo despierta sentimientos tan vivos en el alma como el estudio y la contemplación de la naturaleza”

Azorín a los 29 años, nos expresa así, parte de su credo estético: lo que da la medida de un artista es su sentimiento de la naturaleza, del paisaje,...

Y es un hijo del País Vasco, allí donde hasta el lenguaje es geología: Aitzgorrisignifica- peña roja; ondarraitz-roca de arena; izarraitz-roca de estrella. Es D. Miguel de Unamuno, también citado en el Prólogo por D.José Soler, quien nos dice:

El sentimiento de la Naturaleza, el amor inteligente, a la vez que cordial, al campo, es uno de los más refinados productos de la civilización y la cultura.

Y él mismo nos da la justificación, de la metodología de aproximación a seguir: Ventaja y grande es, de las excursiones que preconizo, la de aprender a acostumbrarse a todo y dejar melindres. Con ello bastaría. Pero estas excursiones no sólo son un consuelo, un descanso, una enseñanza; son además, y acaso sobre todo, uno de los mejores medios de cobrar amor a la patria.

Son muchas las expresiones que del paisaje encontramos en la Literatura, la Música y la Pintura, sólo en Alicante y sin ánimo de agotarlas podemos citar a:

-Azorín, Gabriel Miró, Miguel Hernández, Antonio Sequeros, ...

-Las sinfonías “Aitana” y “Los cíclopes de Ifach” de Oscar Esplá, y “Muntanyesca” de Amando Blanquer.

-Eusebio Sempere y sus “Cuatro estaciones”, Gastón Castelló, Sala, Laporta, Cabrera, Rodriguez Climent, Albarranch, Segrelles, y un largo y no menos importante etc. de paisajistas alicantinos.

Son nuestros poetas, pintores y músicos, el mejor vehículo para recorrer el camino del acercamiento amoroso a la Naturaleza. Es a través de ellos como se puede alcanzar ese sentimiento de la naturaleza, ese amor inteligente que propone Unamuno.

Aunque no obstante, hay que señalar, que pocas apreciaciones son más subjetivas, que las que hacemos ante un paisaje. El estado de ánimo, la temperatura, las vivencias infantiles, nos mueven a deleitarnos en la contemplación de un paisaje que a otros parece monótono o desapacible. Esta idea hace exclamar a “Guchi” en su primer libro “Poemas”:

¡ Ay! Sierra de Crevillente

eres digna de admirar,

lo que tienes para unos sin aliciente,

a otros puedes colmar.

Por ello Guchi y Joaquín nos van descubriendo esos elementos del paisaje de la Sierra que aunque visibles, necesitan de una mirada atenta:

Las diversas formaciones geológicas, los fósiles y las rocas presentes en sus estratos, que nos enseñan a reconocer en razón de su dureza, las arcillas, el yeso, la caliza y el silex o pedernal, del que los viejos extraían chispas, para encender fuego, golpeándolo con el eslabón.

El modelado del relieve y sus en ocasiones caprichosas formas, como el Cap del Gorila, o el Atautet,…

La vegetación, de la que Alex nos ofrece una excelente colección de fotografías tituladas “Algunas plantas y arbustos de la Sierra de Crevillent”.

Nos refieren los especímenes más frecuentes de la fauna, y nos dicen que: Si despertamos el don de la curiosidad, nos será fácil detectar rastros de algún ser viviente. Nos dan noticia de curiosas aplicaciones y remedios, para el dolor de cabeza y las fiebres, fabricados con la camisa de las culebras, por el Pampolet, D. José Penalva Galipienso. Y con cierta sorna o guasa, muy al uso de Joaquín y Guchi y más si andaban juntos, nos dicen: No sabemos hasta qué punto todo esto tendrá algo de cierto, pero, como se suele decir, más vale creérselo que ir a buscarlo.

Nos llaman la atención sobre viejas labores de agricultura de montaña, maravillándose del esfuerzo que en tiempos hubieron de realizar, abancalando y manteniendo márgenes, para unos cuantos almendros, algarrobos y oliveras.

Nos señalan la presencia de hornos de cal, canteras y chozas de piedra seca, construidas para refugio de pastores y serranos, de las que nos describen sus características constructivas, y nos dan nombre y referencia de situación de 21 de ellas, para a continuación decirnos:

Posiblemente, en algún rincón de nuestro término municipal quede alguna de estas chozas, que nosotros no hayamos descubierto; no estaría de más que nos lo pusieran en conocimiento. No me digan que no tiene guasa, yo por si acaso me aplico aquello de …más vale creérselo que ir a buscarlo.

Nos presentan restos arqueológicos, como los del poblado ibérico, viejas minas y conducciones de agua, la Mina de la Font Antiga, cargada de recuerdos, o el acueducto de Els Pontets.

Nos refieren viejos conflictos, como los que se produjeron en torno a la Ermita de San Cayetano, ese santo del que toman su nombre tantos TANOS de Crevillent, y que nos hablan de un paraje que llegó a ser un importante punto de peregrinación, mandado a destruir por el Obispo Tormo, por ser centro según él de gravísimos pecados. Y añado yo, seguro que contra el sexto mandamiento, que siempre ha sido para los clérigos, el mayor de los pecados.

Y nos dan múltiples, cariñosas y cuando menos respetuosas referencias, de personajes históricos como Jaime el Barbudo o el Catalá, y de otros que nos son contemporáneos o casi, como el Dr. Más Magro gran investigador en medicina, o D. José Maciá Abela, ilustre crevillentino y poeta, del que nos dicen que firmaba como J. Montañés, profesor y amigo de Miguel Hernández, otro al que le tiraba el monte más que a las cabras que pastoreaba.

En sus páginas nos van presentando, junto al referido Pampolet a Antonio el “Rana” del que nos dicen que allá donde esté, estará con su guitarra entonado una habanera.

A Dolores y Elvira Maciá, últimas propietarias del Fondo de les Porrúes, finca que hasta hace unos años nos dicen era un vergel y de la que las hermanas Maciá bajaban poco a poco sus ricas cosechas, con un borrico y un carrito de mano, haciendo más viajes que las hormigas.

Y aunque adjetivan de monstruosa obra, la actuación que con intención de proteger el Pouet de la Mel, realiza Angel Luján “El Ceferino”, nos hablan de su buena fé y esfuerzo descomunal, seguros de que la voluntad de este hombre era hacer todo un bien y eso está por encima de todas las leyes morales. Se trata de un gran ejemplo de educación cívica, de práctica de la discrepancia, sin acritud, descalificación o enfrentamiento.

En la Cova de la Figuera, nos cuentan sus añoranzas: Cuantos recuerdos se agolpan en la memoria de aquellos excursionistas de antaño, cuantas anécdotas aún revolotean por la mente de los veteranos que por fortuna aún sienten palpitar la vida,… aquí pernoctaban con una triste manta, a veces con agujeros para que entrara el frío; en aquel tiempo no se conocía el saco de dormir ni las chaquetas plumíferas, pero se tenía lo más importante, la juventud.

De entre todos los puntos panorámicos propuestos, me ha llamado especialmente la atención las referencias que en el Segundo de los Itinerarios hacen del Pico de la Lloma Mala, hasta el punto de que no ha de pasar este otoño sin que lo visite, y ello en razón de la descripción que desde la misma realizan del paisaje de la Sierra y la llanura que a sus pies se extiende hasta el mar, con el campo de Elche, la laguna del Hondo y la Vega Baja.

Salvo los ascensos a las cumbres de la Vella, Sant Juri y el Puntal, la mayor parte de los itinerarios discurren por lo que podríamos denominar la Sierra media y su piedemonte, no cabe excusarse de recorrer alguno de estos itinerarios alegando su dificultad. No son para montañeros o senderistas, yo diría que son para pensantes, si para quienes paseándolos quieran disfrutar de la naturaleza, o pensar sus cosas en la naturaleza.

La luz, lo que el ciego no alcanza a ver, el lazarillo, Joaquín, la recoge en sus fotos, son fotos en las que las figuras humanas a modo de gnomon de un reloj de sol, nos indican por lo alargado de sus sombras, que están hechas muy poco después del amanecer, en esos momentos mágicos en los que las primeras luces de la mañana destacan los matices cárdenos, berilo y oro de la Sierra.

Nunca a Joaquín y a Guchi se le pegaron las sábanas, más bien creo, que aceptaron siempre gustosos el encargo de despedir a las estrellas de la noche y antes de que se apagara el lucero matutino, abrir las puertas al nuevo día haciendo camino.

Permitidme que haga aportación de dos componentes del paisaje que aunque nos es posible recogerlos en un libro, os acompañarán cuando andéis la Sierra. Me refiero a sus sonidos y olores.

El paisaje sonoro de la Sierra tiene como rumor de fondo, los acordes graves, como de un mar lejano, de una ciudad trabajadora e industrial, de la que aún es posible oír la sirena de alguna fábrica marcando el cambio de turno.

El volteo, a gloria o a duelo, de las campanas de la Iglesia Parroquial Nª. Sª. de Belén, que en ocasiones os acercará el viento de levante.

Las dianas, pasacalles y marchas, de las bandas de cornetas y tambores que en la mañana de Viernes Santo acompañan a sus pasos al Calvario.

El estruendo de espingardas, trabucos y cañones de las guerrillas y alardos, de moros y cristianos, también llenan la Sierra con sus ecos.

El canto de los abejarucos, recién llegados de las sabanas centro africanas, que anidan en los taludes de arcilla de las ramblas, el agudo griterío de las pandillas de vencejos roqueros en sus acrobáticas carreras y persecuciones.

Los más de 90 decibelios, una autentica contaminación acústica, producida por centenares de cigarras, en las largas tardes de verano. La llamada de la lechuza en las serenas noches de invierno. Y el restallar del trueno en los altos cantiles de la Sierra, los días de tormenta. Son ejemplos de su paisaje sonoro natural.

El olor del ozono y la tierra mojada después de la lluvia. El aroma del tomillo, el cantueso, el romero y los goterones de resina tierna. La intensa fragancia del azahar, el jazmín y el galán de noche de los chalet serranos, conforman su paisaje olfativo.

Pero lo que añade un especial valor a estos Itinerarios, es que también nos hablan de un PAISAJE ÍNTIMO, emocional, de la honda vibración poética, que provoca la contemplación de la naturaleza, en Guchi y Joaquín, cuando en el Corral del Puntal nos dicen:

Reanudamos la marcha por entre olivos y almendros, sí, perennes olivos que en las montañas recitan los llantos del crudo invierno, y almendros que a los primeros suspiros de la primavera se visten de nata, flores que al viento se desprenden nevando los surcos y esparciendo sus aroma.

Y desde la cumbre del Campaná, cantan:

Pico del Campaná, calizas vivas que en silencio duermen y despiertan al trinar de las aves, cuando aún entre dos luces se dibujan las siluetas pétreas de San Cayetano, San Juri, y el Puntal. Tú Campaná que por ese  cordón umbilical te ves adosado a tu inseparable amiga, la cumbre de la Vella, vértice dominador de los cuatro puntos cardinales, vigía de los pueblos, aroma de los mares, donde el día despierta su albor primero y anochece en silencio,… dando paso a la luna,… con su destello de plata.

Ambos admiran la naturaleza por instinto y por convicción, se recrean en ella, sienten sus encantos y perciben distintamente sus armonías.

Con este libro Joaquín y Guchi, nos demuestran que además de MONITORES, término que el Diccionario de la Lengua Española define como: Persona que guía el aprendizaje.

Son también MAESTROS, porque sólo a los maestros se les reconoce unos saberes y una autoridad moral capaz de crear escuela, y ellos así lo hacen con estos “Itinerarios Ambientales por la Sierra de Crevillent”.

Os invito a que con la menor excusa paseéis estos itinerarios ambientales, íntimos, amorosos, de la Sierra de Crevillent, la sierra de Guchi y Joaquín, vuestra Sierra.

Pero también MI SIERRA, la que desde la terraza de casa de mis padres en Almoradí, siempre se me antojó como unos “pirineos” tras los que se ocultaba el sol poniente de la Vega Baja. La Sierra en la que nació mi vocación por la Geología y en la que durante 16 años y acompañado de Guchi, me sirvió de aula en la que iniciar en ese amor inteligente por la naturaleza, del que nos hablaba Unamuno, a más de 25.000 niños y jóvenes, alumnos del CEMA Los Molinos.

Pasead la Sierra de la mano de Guchi y Joaquín, por que si lo hacéis podréis decir como Azorín:

Montañas finas, claras, olorosas y radiantes

de Castilla, de Alicante y de Cataluña,

vosotras tenéis todo mi afecto, todas mis simpatías.

Bueno y voy a ir terminando, que no quiero que digáis que mi presentación se os ha hecho más larga que el pleito de San Cayetano. Y quiero hacerlo expresando el deseo de que esa Biblioteca Municipal en la que se inician y en la que tienen su término estos itinerarios, y en cuyos estantes quedará alojado un ejemplar de este libro, no deje de llenar sus anaqueles con los libros escritos por otros tantos crevillentinos de hoy y de mañana, hombres y mujeres; ellos irán constituyendo un rico patrimonio de ideas, sentimientos y vivencias, que junto a múltiples y diversos documentos de carácter científico e histórico sobre Crevillent, conformarán las señas de identidad y el más valioso patrimonio de un pueblo, SU CULTURA.

Muchas gracias.

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