sábado, 24 de diciembre de 2022

 

CRONICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA: LA PINADA DE GUARDAMAR. RAFAEL PEDAUYÉ.-

Las dunas de Guardamar son parte de un extenso cordón de arenas, que con una longitud de  20 km. y una anchura de 1 a 2 km. flanquea la costa desde las salinas de Santa Pola hasta el Cabo Cervera en Torrevieja.

En 1905 un Ingeniero Forestal, tuvo la osadía de plantear (al Rey Alfonso XII) la fijación de las dunas de arena que avanzando a razón de 1 a 3 metros por año, amenazaban  con sepultar el pueblo de Guardamar.

Sólo un hombre y un pueblo, dotados de la misma tenacidad y constancia, que los elementos naturales con los que se enfrentaban, podían ser capaces de frenar el avance de las arenas, con los medios técnicos y materiales disponibles a principios del siglo XX.

Todavía hoy, puede ser motivo de admiración el trabajo realizado, para quien en un paseo por la Pinada de Guardamar sea capaz, en un ejercicio de imaginación, de contemplar las dunas despojadas de su actual vegetación. Para ello le será de ayuda, una visita previa a los Arenales del Sol, o una hojeada a cualquier fotografía del desierto. Ese era el paisaje de este trozo de la costa alicantina, impresionantes médanos de arena de  25 metros de altura.

Pero les invito a que observen también la situación actual de la Pinada. Pinos ya más que centenarios que tras sufrir los rigores de un medio natural adverso, caracterizado por un suelo arenoso carente de materia orgánica, unas condiciones climáticas extremas, con precipitaciones que no alcanzan los 250mm al año, y el azote de los fuertes vientos de levante cargados de salitre, se han visto sometidos adicionalmente, a la presión de múltiples visitantes que superan su capacidad de carga, y con frecuencia insolidarios y mal educados usuarios de la naturaleza.

Y dejo a su capacidad de observación amorosa e indignada, que complete la lista de atentados que contra la Pinada se realizan cada día.

La Pinada de Guardamar a la par que los pinos cuyas raíces van quedando al descubierto en las crestas de las dunas, se muere, agoniza con el consentimiento de todos, ciudadanos y administración, culpables cuando menos por omisión de un desastre que ya empieza a ser evidente incluso a los no especialistas.

Para quienes deseen eludir su parte de responsabilidad, este no será más que un nuevo alegato ecologista que como ya es sabido siempre son catastrofistas.

Para quienes se avergüencen de no ser capaces de conservar, con los recursos técnicos y económicos de hoy, lo que otros careciendo de ellos hicieron posible a principios del pasado siglo, esta será una llamada a la acción decidida por salvar y regenerar una vegetación que durante más de cien años ha sido la mejor defensa contra el avance de las arenas y la mejor expresión de la clara conciencia ambiental de un pueblo.

Y por último para quienes estén empeñados en tareas de educación ambiental, encontrarán en las Dunas y Pinada de Guardamar un magnifico ejemplo para ejercitar un auténtico aprendizaje de anticipación, capaz de detectar problemas y proponer alternativas, frente al estéril aprendizaje que se produce ante el hecho consumado de un espacio natural degradado, del que sólo caben lamentaciones, falsos propósitos de enmienda y oportunas promesas en período electoral.

 Capacidad de carga: número de usuarios que un espacio recreativo puede soportar sin caer en un deterioro físico y biológico permanente de dicho sitio, con la consiguiente pérdida de atractivo para desarrollar en él experiencias recreativas.

 

 

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