VOLUNTARIOS PARA LA
NATURALEZA.
Rafael Pedauyé.-
Una de las expresiones más equívocas y utilizadas en el
discurso sobre la crisis ecológica es, sin duda, la expresión "problemas
del medio ambiente". Fenómenos como la explosión demográfica o procesos de
degradación del entorno tales como la disminución de la biodiversidad, el
cambio climático, la deforestación, la crisis de los agrosistemas tradicionales
o el derroche de recursos naturales disponibles, no resultan descritos con
precisión por la expresión "problemas del medio ambiente". En
realidad, son problemas de la humanidad y con esto queremos decir que tanto en
sus causas como en sus consecuencias, los indicadores de la crisis
medioambiental son, en realidad, indicadores de las pautas en las que se estructura
la conducta humana.
En los países más avanzados, el crecimiento económico ha
producido junto a una mejora del nivel
de vida y del bienestar material de la población, un deterioro sin precedentes
del medio natural. La crisis ecológica está, pues, estrechamente relacionada,
más con los modos de vida, la organización social y el comportamiento humano.
que con dinámicas estrictamente naturales, aunque en el caso de volcanes,
terremotos, tsunamis, etc. estas puedan ocasionar graves desastres.
Hoy la reflexión sobre la cantidad y gravedad de los problemas
ambientales constituye el núcleo de las preocupaciones sociales y políticas y
aunque son muchas las explicaciones y posibles tratamientos de estos problemas,
ni sobre unas ni sobre los otros existe un consenso generalizado. De lo que no
se duda es de la importancia estratégica que estos problemas tienen para la
supervivencia en unos casos y el mantenimiento de adecuados niveles de calidad
de vida en otros.
La mejora de nuestro entorno y la
resolución de los problemas ambientales, que afectan a nuestra sociedad, no
dependen únicamente de soluciones de tipo tecnológico, requieren como condición
indispensable, la participación activa de los ciudadanos. Es por ello que, en
estas últimas décadas, las organizaciones de voluntariado ambiental han adquirido
una nueva visibilidad social, pues su implicación directa y altruista, su
compromiso en la conservación del medio ambiente y sus valores, las han hecho acreedoras
del reconocimiento público.
El voluntariado ambiental es la
evidencia de un cambio de actitudes, de una voluntad manifiesta de compromiso
en la defensa del medio ambiente, de la que participan cada vez mayor número de
personas a través de muy diversas ONG y Asociaciones.
La acción voluntaria que en sus
inicios se centraba en la resolución de carencias sociales, con un enfoque
asistencial o de beneficencia, para derivar más tarde hacia otros ámbitos como
la protección civil, ante situaciones de riesgo, o la cooperación al
desarrollo, actualmente se ocupa también
de la conservación de la naturaleza.
El voluntariado ambiental se
inició en los años 70, en países como Estados Unidos, con el programa
"Volunteers in Park", que en 1996 movilizó 89.000 voluntarios, o el
"British Trust for Conservation Volunteers", fundación independiente
del Reino Unido, que moviliza 2.000 grupos de voluntarios.
En España, además de numerosas
experiencias puntuales de ONG's, al menos cinco comunidades autónomas,
curiosamente todas ellas en el litoral mediterráneo: Cataluña, Baleares,
Valencia, Murcia y Andalucía, desarrollan a partir del inicio de los años 90,
programas de voluntariado ambiental orientados básicamente a la prevención de
incendios forestales y la gestión de espacios naturales.
Desastres como el del Prestige,
han puesto de manifiesto el valor de la acción voluntaria y la importancia de
canalizar adecuadamente el plus de compromiso social en la defensa de la
naturaleza, que en tales situaciones se produce.
En estos últimos años se ha
puesto de manifiesto que una mayoría de la población adulta española y por
inclusión la valenciana, se encuentra plenamente instalada en la cultura de lo
que ha dado en llamarse el nuevo paradigma ambiental, el cual considera al
hombre como un ser ecodependiente, íntimamente asociado a la naturaleza de la
que extrae los recursos que le son necesarios y a la que devuelve los desechos
de su actividad. La superación de una visión meramente cuantitativa y
economicista del desarrollo, está despertando en la conciencia pública la convicción
de que es preciso ampliar los derechos humanos mediante una nueva generación de
derechos entre los cuales se encontrarían los culturales y los
medioambientales.
En este sentido la Encuesta Mundial
de Valores aplicada al caso español, señala que los valencianos participan
mayoritariamente de esa percepción del riesgo ecológico, ya que ante preguntas
formuladas en el doble sentido de “dar prioridad al medio ambiente, incluso si
ello provoca un crecimiento económico más lento y alguna pérdida de puestos de
trabajo”, o por el contrario, “si es mejor priorizar el crecimiento económico,
y la creación de puestos de trabajo, aún cuando ello pudiera perjudicar en
cierta medida al medio ambiente”, la mitad de la población valenciana el 51%,
se decanta por la prioridad medioambiental, en tanto que sólo el 31% lo hace
por el crecimiento económico, otro 12% ofrece respuestas que tratan de
conciliar ambas prioridades y un 6% no sabe no contesta.
De otra parte las organizaciones valencianas, de
protección del medio ambiente -conservacionistas, ecologistas y de defensa de
los derechos de los animales-, se distinguen porque sus miembros son en su
mayoría jóvenes y adultos entre 18 y 49 años, de nivel educativo e ingresos
altos, de hábitat metropolitano, con una clara identidad etnoterritorial, y
para los que la variable más claramente identificadora es una clara orientación
pos-materialista, entendida como el conjunto de metas a las que la gente da
importancia después de haber alcanzado un nivel de seguridad económica, siendo
la defensa del medio ambiente una de las señas de identidad más claras del
posmaterialismo.
Es así mismo importante destacar
que en la
Comunidad Valenciana sólo tres tipos de organizaciones tienen
más del 50% de sus voluntarios con estudios superiores, las de defensa de derechos humanos (64,8%) las de
protección del medio ambiente (60,0%) y las de atención a discapacitados
(55,0%). Siendo las que con mayor frecuencia recurren a las cuotas de sus
miembros como formula de financiación, las dedicadas a la protección del medio
ambiente y las de atención a discapacitados.
El Voluntariado Ambiental, al dar la oportunidad de adquirir
conocimientos, clarificar los propios valores, practicar y dominar técnicas
útiles en la solución de problemas ambientales, es una excelente fuente de
aprendizaje y enriquecimiento personal. Sus programas generan espacios de
solidaridad y compromiso con el mundo real, en los que hay una relación
coherente, entre lo que se piensa y lo que se hace, que producen un efecto ejemplificador, pues
trabajar por una causa sin recibir compensación material alguna, desmonta
tópicos como los de "todo se hace por dinero" o "ya no hay
generosidad".
Por ello actualmente recuperar
sendas, caminos y cañadas, plantar árboles, reparar el patrimonio rural,
conservar hábitat y sus especies, o retirar basuras, son algunas de las
actividades más frecuentes. Se trata de actividades, con un fuerte componente
físico y con una relación directa con un espacio o problema determinado,
actividades que producen efectos muy definidos y en ello radica gran parte de
su atractivo, pero que además, de esos efectos sobre el entorno, pueden tener
beneficios destacables sobre los participantes y su medio social.
Cabe reseñar, por último, que las
acciones voluntarias se caracterizan por realizarse dentro del tiempo libre y
por libre determinación de la persona, lo que no impide que el voluntario esté
sujeto a una serie de obligaciones concretas que expresan su compromiso
personal. Que el desarrollo de su labor no debe ocasionarle costes. Que el voluntario no pude percibir contraprestación
económica alguna, aunque si puede ser merecedor del reconocimiento social. Que
su labor altruista debe desarrollarse en el seno de una organización, en
beneficio de terceros o de toda la comunidad, con una adecuada planificación de
las acciones y capacitación de los voluntarios para el desempeño de sus tareas.
Y que es muy importante que los programas de voluntariado estén basados en un
diseño y evaluación participativa.
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