jueves, 25 de junio de 2026

 

VOLUNTARIOS PARA LA NATURALEZA.

Rafael Pedauyé.-

 Una de las expresiones más equívocas y utilizadas en el discurso sobre la crisis ecológica es, sin duda, la expresión "problemas del medio ambiente". Fenómenos como la explosión demográfica o procesos de degradación del entorno tales como la disminución de la biodiversidad, el cambio climático, la deforestación, la crisis de los agrosistemas tradicionales o el derroche de recursos naturales disponibles, no resultan descritos con precisión por la expresión "problemas del medio ambiente". En realidad, son problemas de la humanidad y con esto queremos decir que tanto en sus causas como en sus consecuencias, los indicadores de la crisis medioambiental son, en realidad, indicadores de las pautas en las que se estructura la conducta humana.

 En los países más avanzados, el crecimiento económico ha producido junto  a una mejora del nivel de vida y del bienestar material de la población, un deterioro sin precedentes del medio natural. La crisis ecológica está, pues, estrechamente relacionada, más con los modos de vida, la organización social y el comportamiento humano. que con dinámicas estrictamente naturales, aunque en el caso de volcanes, terremotos, tsunamis, etc. estas puedan ocasionar graves desastres.

 Hoy la reflexión sobre la cantidad y gravedad de los problemas ambientales constituye el núcleo de las preocupaciones sociales y políticas y aunque son muchas las explicaciones y posibles tratamientos de estos problemas, ni sobre unas ni sobre los otros existe un consenso generalizado. De lo que no se duda es de la importancia estratégica que estos problemas tienen para la supervivencia en unos casos y el mantenimiento de adecuados niveles de calidad de vida en otros.

 La mejora de nuestro entorno y la resolución de los problemas ambientales, que afectan a nuestra sociedad, no dependen únicamente de soluciones de tipo tecnológico, requieren como condición indispensable, la participación activa de los ciudadanos. Es por ello que, en estas últimas décadas, las organizaciones de voluntariado ambiental han adquirido una nueva visibilidad social, pues su implicación directa y altruista, su compromiso en la conservación del medio ambiente y sus valores, las han hecho acreedoras del reconocimiento público.

 El voluntariado ambiental es la evidencia de un cambio de actitudes, de una voluntad manifiesta de compromiso en la defensa del medio ambiente, de la que participan cada vez mayor número de personas a través de muy diversas ONG y Asociaciones.

La acción voluntaria que en sus inicios se centraba en la resolución de carencias sociales, con un enfoque asistencial o de beneficencia, para derivar más tarde hacia otros ámbitos como la protección civil, ante situaciones de riesgo, o la cooperación al desarrollo, actualmente se ocupa también  de la conservación de la naturaleza.

 El voluntariado ambiental se inició en los años 70, en países como Estados Unidos, con el programa "Volunteers in Park", que en 1996 movilizó 89.000 voluntarios, o el "British Trust for Conservation Volunteers", fundación independiente del Reino Unido, que moviliza 2.000 grupos de voluntarios.

 En España, además de numerosas experiencias puntuales de ONG's, al menos cinco comunidades autónomas, curiosamente todas ellas en el litoral mediterráneo: Cataluña, Baleares, Valencia, Murcia y Andalucía, desarrollan a partir del inicio de los años 90, programas de voluntariado ambiental orientados básicamente a la prevención de incendios forestales y la gestión de espacios naturales.

 Desastres como el del Prestige, han puesto de manifiesto el valor de la acción voluntaria y la importancia de canalizar adecuadamente el plus de compromiso social en la defensa de la naturaleza, que en tales situaciones se produce.

 En estos últimos años se ha puesto de manifiesto que una mayoría de la población adulta española y por inclusión la valenciana, se encuentra plenamente instalada en la cultura de lo que ha dado en llamarse el nuevo paradigma ambiental, el cual considera al hombre como un ser ecodependiente, íntimamente asociado a la naturaleza de la que extrae los recursos que le son necesarios y a la que devuelve los desechos de su actividad. La superación de una visión meramente cuantitativa y economicista del desarrollo, está despertando en la conciencia pública la convicción de que es preciso ampliar los derechos humanos mediante una nueva generación de derechos entre los cuales se encontrarían los culturales y los medioambientales.

 En este sentido la Encuesta Mundial de Valores aplicada al caso español, señala que los valencianos participan mayoritariamente de esa percepción del riesgo ecológico, ya que ante preguntas formuladas en el doble sentido de “dar prioridad al medio ambiente, incluso si ello provoca un crecimiento económico más lento y alguna pérdida de puestos de trabajo”, o por el contrario, “si es mejor priorizar el crecimiento económico, y la creación de puestos de trabajo, aún cuando ello pudiera perjudicar en cierta medida al medio ambiente”, la mitad de la población valenciana el 51%, se decanta por la prioridad medioambiental, en tanto que sólo el 31% lo hace por el crecimiento económico, otro 12% ofrece respuestas que tratan de conciliar ambas prioridades y un 6% no sabe no contesta.

De otra parte las organizaciones valencianas, de protección del medio ambiente -conservacionistas, ecologistas y de defensa de los derechos de los animales-, se distinguen porque sus miembros son en su mayoría jóvenes y adultos entre 18 y 49 años, de nivel educativo e ingresos altos, de hábitat metropolitano, con una clara identidad etnoterritorial, y para los que la variable más claramente identificadora es una clara orientación pos-materialista, entendida como el conjunto de metas a las que la gente da importancia después de haber alcanzado un nivel de seguridad económica, siendo la defensa del medio ambiente una de las señas de identidad más claras del posmaterialismo.

 Es así mismo importante destacar que en la Comunidad Valenciana sólo tres tipos de organizaciones tienen más del 50% de sus voluntarios con estudios superiores, las de  defensa de derechos humanos (64,8%) las de protección del medio ambiente (60,0%) y las de atención a discapacitados (55,0%). Siendo las que con mayor frecuencia recurren a las cuotas de sus miembros como formula de financiación, las dedicadas a la protección del medio ambiente y las de atención a discapacitados.

 El Voluntariado Ambiental, al dar la oportunidad de adquirir conocimientos, clarificar los propios valores, practicar y dominar técnicas útiles en la solución de problemas ambientales, es una excelente fuente de aprendizaje y enriquecimiento personal. Sus programas generan espacios de solidaridad y compromiso con el mundo real, en los que hay una relación coherente, entre lo que se piensa y lo que se hace, que  producen un efecto ejemplificador, pues trabajar por una causa sin recibir compensación material alguna, desmonta tópicos como los de "todo se hace por dinero" o "ya no hay generosidad".

 Por ello actualmente recuperar sendas, caminos y cañadas, plantar árboles, reparar el patrimonio rural, conservar hábitat y sus especies, o retirar basuras, son algunas de las actividades más frecuentes. Se trata de actividades, con un fuerte componente físico y con una relación directa con un espacio o problema determinado, actividades que producen efectos muy definidos y en ello radica gran parte de su atractivo, pero que además, de esos efectos sobre el entorno, pueden tener beneficios destacables sobre los participantes y su medio social.

 Cabe reseñar, por último, que las acciones voluntarias se caracterizan por realizarse dentro del tiempo libre y por libre determinación de la persona, lo que no impide que el voluntario esté sujeto a una serie de obligaciones concretas que expresan su compromiso personal. Que el desarrollo de su labor no debe ocasionarle costes. Que el  voluntario no pude percibir contraprestación económica alguna, aunque si puede ser merecedor del reconocimiento social. Que su labor altruista debe desarrollarse en el seno de una organización, en beneficio de terceros o de toda la comunidad, con una adecuada planificación de las acciones y capacitación de los voluntarios para el desempeño de sus tareas. Y que es muy importante que los programas de voluntariado estén basados en un diseño y evaluación participativa.

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