sábado, 1 de marzo de 2025

 MARRUECOS 2008

Casablanca. La gran Mezquita de Mohamed V, es la tercera más grande del mundo. Su minarete de 145 metros es faro. Levante es el continente, la tierra; poniente el océano, el agua. La circunda una inmensa explanada flanqueada de edificios vacíos que debían acoger talleres artesanos.

Las nueve de la mañana, el Sol de levante hace espejear el pavimento recién regado de la gran explanada y baña de tintes rosas los mármoles de las fachadas y el alto alminar. Las grandes puertas devuelven el reflejo dorado de sus adornos y remaches. Columnas de serpentina, adornos de alabastro, grandes fuentes de cerámica, arcos mudéjares, inmensas lámparas bajo los soportales, palomos, guardias de verde. Potentes altavoces sustituyen a campanas y carracas y esparcen las salmodias del muecín llamando a la oración.

A ambos lados dos extensos malecones con sus paseos son la frontera de un Atlántico poderoso, con olas largas, capaces de colmar los deseos de cualquier surfista. Junto al puerto, los cuarteles de la Marina Real, uniformes azules, cocas doradas y cierto aire aristocrático de élite militar.

La muralla portuguesa con sus viejos cañones y en una esquina junto a los muelles el café Rick's, Bogard y Bergman, existen. Y detrás un dédalo de callejas, callejones y pasadizos, la Medina Ancien. Infinidad de minúsculas tiendas. Los vendedores pueden ser tan pesados como las moscas, te abordan, te siguen, se ofrecen a guiarte. Basuras, suciedad, mendigos silenciosos sentados en los portales. Tiendas de comida más que restaurantes, hornos de pan, cafés, calles de joyeros, de zapateros,...

Los taxis son viejos Peugeot 205, que huelen a gasoil y aceite del carter. Circulan a velocidades increíbles sorteando coches y peatones por milímetros. La carrera entre 6 y 12 dirham.

Casablanca port-Rabat ville. 90 km. 1 hora en tren. Excelente vagón de 1ª en el 2º piso por 55 dirham. Casi una ciudad continua, con pueblos nuevos blancos, bloques de 3 o 4 alturas, casas bajas, chalet y parabólicas. Campos verdes, vacas y ovejas. Cementerios sin nichos, tumbas y lápidas en un mar de flores amarillas. Un wad con agua.

Rabat, la capital, armonía en los edificios, limpieza y mayor orden en el tráfico. La Casa de Cervantes, blanca y con su ñ. La Medina amurallada, de barro ocre, inmensa junto al estuario del río Bu Regreg defendido por enormes diques en los que se estrella levantado cortinas de agua el Atlántico. Una gran avenida lleva a la vieja torre de Hassan II.

Al otro lado del río, la blanca Salem, amurallada y fortificada, sus piratas eran el terror de portugueses, holandeses y británicos en sus viajes de circunvalación del continente africano, en posde las especias, las maderas y las sedas de Ceilan, Madagarcar y la India.

Casablanca la leyenda. Rabat el encanto.

Rafael Pedauyé.-


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